JULIO CONTRERAS & ROSA RODRÍGUEZ & MARÍA ROLÁN

EL CABALLERO DEL CORAZÓN ROTO

“El cáncer me ha enseñado a valorar la vida. Quiero más a mi mujer desde que me di cuenta de que podía perderla. Ni nosotros sabíamos que éramos felices hasta que la enfermedad enseña la cara”, comenta Julio, con el que nunca acaba la conversación porque siempre tiene una aventura que contar sobre sus viajes, una leyenda que ha leído en libros de historia medieval o una palabra amable que decir cual caballero de otra época.

Se le representa como un caballero medieval que protege a todo el que ama y le defiende de las traiciones de los seres queridos. “Ver sufrir a alguien que quieres es lo peor de toda esta experiencia”, aún así, se siente agradecido a la vida por la oportunidad que la enfermedad le ha dado de vivir estos años con tanta intensidad y por encontrar “a tanta gente maravillosa que me reconcilia con la vida”.

El cáncer me ha enseñado a valorar la vida y a querer aún más a mi mujer

UNA VENTANA HACIA LA SABIDURÍA

Rosa, mujer de Julio, es un ciclón de alegría y de energía que ha disfrutado como una niña participando en este proyecto. “Quería hacerme un tatuaje con mi nieto pero como al final no pudo ser, ahora llevo este”, dice con cara de pilla. “Tanto mi marido y yo estamos en este proyecto por GEPAC, por lo agradecida que me siento por la atención que se me ofrece en la asociación desde el primer día que puse un pie allí. Me siento como en mi casa”. Entiende que este tipo de campañas son necesarias para desmitificar el cáncer y conocer qué historias hay detrás de cada diagnóstico.

La enfermedad, desde que le llegó en 2009, le ha dejado secuelas físicas y “bastante menos energía”, sin embargo, no le ha quitado las ganas de vivir y la sonrisa. Adora viajar y conocer nuevas culturas como la hindú, en la cual la flor de loto es la flor del conocimiento, lo que le acerca a entender sus miedos y a superarlos.

Me siento muy agradecida. Lo mejor del cáncer ha sido la gente maravillosa que he conocido

CASCADA DE RECUERDOS

María lleva a sus espaldas 18 años de convivencia con el cáncer, desde el cáncer de pulmón que le diagnosticaron a su marido pasando por el suyo de mama y hasta hoy. Luchadora infatigable, todavía se emociona al recordar tantos años de no admitir un “no” por respuesta y de tirar del carro de su casa y de su familia también tras la aparición de un cáncer de mama en su cuerpo. La enfermedad le quitó lo que más quería pero también le enseñó a disfrutar de todas las pequeñas cosas de la vida y sobre todo, de viajar por todo el mundo, de lugares de los que disfrutó junto a su marido y a los que quiere volver con sus hijos como a las Cataratas del Iguazú. El torrente de agua representa la limpieza y la curación y le ayuda a disipar sus miedos y sus preocupaciones.

Ofrece su testimonio para contar su experiencia, la de ser paciente y cuidadora, perder a alguien por un cáncer y superarlo, y para demostrar que “hay vida durante y tras la enfermedad”.

Los mejores años junto a mi marido han sido durante la enfermedad