LINFOMA NO-HODGKIN FOLICULAR

CLARA PERALES

“El diagnóstico fue un cambio radical en mi vida. Fue una losa que se me cayó encima de la cabeza”. Así recuerda Clara los primeros días de la enfermedad tras un periplo de pruebas hasta que consiguieron dar con lo que tenía.

En baja laboral por los tratamientos para evitar recaídas, afronta este tiempo con resignación y  con un cambio total de valores. “Pones las cosas donde siempre debieron estar. Relativizas todo lo que te pasa. Mi vida en el sentido emocional ha mejorado”.

Hasta llegar aquí también ha habido épocas de desgaste físico y mental. “El diagnóstico fue duro y el tratamiento muy agresivo. Tienes que asumir la pérdida de energía”. Surgió el abatimiento, las dudas, el miedo y la lucha interior entre lo que intentaba aparentar y cómo realmente se ha sentido.

El apoyo familiar y social siempre ha estado ahí, aunque la relación de pareja sí que se vio afectada, “creo que por la toma de conciencia de otros valores”.  Pero el cáncer no sólo le ha tocado con su enfermedad, sino que también ha marcado a otros miembros de la familia. “A mi sobrino le diagnosticaron un tumor cerebral y todo su proceso y el afrontamiento de su enfermedad ha sido una experiencia de vida para mí”.

Clara huye de la palabra “víctima”. “No quiero sentir paternalismo, quiero que la sociedad me vea como una más”.

Mis necesidades pasan porque la sociedad acepte y comprenda al paciente con cáncer