LEUCEMIA

ROCIO BALLESTEROS

La infancia de Rocío se desarrolló en un hospital desde que a los cuatro años le diagnosticaran una leucemia que volvió a aparecer a los nueve. “No recuerdo mucho de aquella época, sólo que lo que más me gustaba era que mi familia estuviera en el hospital”.

Rocío compatibilizó sus estudios con una profesora particular con sus múltiples visitas al hospital y sus estancias en casa, aunque con el paso de los años ha conseguido licenciarse en magisterio.

“Me encantan los niños y cuando lo pienso, me da pena y rabia no poder tener  hijos”. Esta ha sido la peor secuela que la leucemia le ha dejado a Rocío. Sin embargo, y a pesar de su juventud, “no cree que haya que tenerle miedo a las revisiones”.

Ahora disfruta más de los pequeños momentos. “La enfermedad me ha hecho disfrutar de todo a tope”. Por eso colabora con la Asociación de Padres de Niños con Cáncer ASION, en la que comparte sus experiencias con otros jóvenes y con otras personas que se enfrentan a la experiencia de tener un hijo enfermo. “El hecho de poder hablar de todo esto con una persona que ya lo ha pasado le sirve a ellos y me sirve a mí”.

El cáncer me ha quitado la posibilidad de tener hijos